sábado, 31 de diciembre de 2022

Bear Grylls

 Hoy venía conduciendo, escuchando la canción del nuevo disco de Marea que os dejo abajo, y me ha entrado una sensación bastante extraña, una euforia contenida, una alegría desatada, una rabia oculta, una pena exacerbada, un escalofrío que me recorría el espinazo de cabo a rabo, y una lagrimilla cayendo por la mejilla derecha. No sé explicar muy bien el porqué. Quizás haya sido este año, que ha sido una constante y puta prueba, día a día, mes a mes, y saber que al final has conseguido sobrevivir. 

Pensé que el año no podía dar más de sí desde julio, pero sí da, y para mucho. Hay que joderse. De hecho, tengo que decir que volví a correr un triatlón, de medio pelo, sí, pero volví a ponerme ese amarillo chillón con verde azulado que parecer el mono aussie. También un dorsal de carrera de pueblo. Y en el plan deportivo, todo evolucionaba con muy buena pinta hasta principios de octubre. Covid. Sí. De nuevo, por tercera vez y mucho más destructivo que las veces anteriores y que me hizo perder prácticamente dos meses, tres semanas para pasarlo, con fiebres que iban y venían sin sentido ninguno (y ojo, que todo lo que me mandaron fue ibuprofeno y paracetamol, y agua), y un mes para recuperarlo. De este plano, además de comentar que he renovado licencia con el Triatlón Albacete, he de decir que intentaré regresar al equipo élite de las competiciones por equipos (siempre que me cuadren) y que si tengo ganas y tiempo, volveré a los fueros regionales. 

En lo familiar, si lo de Pacopepe (o mi señor padre) fue un periplo tortuoso que veía al final la luz... fue un espejismo. Al post cáncer le sumamos una artritis reumatoide muy jodida y cierta incompetencia por parte de la "especialista" (ojo, que resulta que la médico de familia acertó con el tratamiento de primeras, y la reumatóloga dijo que los resultados no eran concluyentes en primera instancias, para repetir los test tres meses después y confirmar lo que muy bien había diagnosticado la médico del centro de salud), y se forma un buen quilombo. El resultado básicamente es que cuando le daba un brote pasaba a tener la misma movilidad que un leño, y que el mínimo movimiento (y hasta el mismo peso de los miembros -brazos y piernas- hacía que le doliera hasta el alma). Sé que aguanta de cojones, y sé que no se queja porque sí, también le vi pasarlo mal de cojones cuando le incrustaron el catéter en el pulmón... Un show, o para un partido de homenaje.

En lo laboral, el final de temporada me dejó totalmente KO, tanto, que, con la suma del resto de circunstancias personales y vitales, tuve que empezar a ir al psicólogo. El inicio temprano de temporada y las demandas que han ido en aumento, con nuevos retos, han hecho que pueda considerar que es una de las mejores decisiones que he tomado. Como recompensa al curro, despliegue internacional en Qatar, 23 días contando los dos días de viaje -ida y vuelta-, y una experiencia inolvidable. Podría decir muchas cosas, pero esas me las reservo para comentarlas con una cerveza, si se diera el caso, os adelanto, eso sí, que abusan de las especias para sobrellevar los 35º que tienen en diciembre (invierno).  

En lo personal, altibajos, mucho peso de todo lo anterior que he explicado, hasta que la terapia comenzó a surtir efecto, y desde entonces, una balsa de aceite (gracias a María Calleja, mi psico). Por otra parte, he tenido la suerte de conocer a una persona con la misma pedrada mental que yo, alguien que es capaz de sacar lo mejor de mí, que me anima y consigue cambiarme el humor hasta en el peor de los días, y es por ello que ahora se vive todo de manera diferente. También que ha estado ayudándome en la sombra todo este tiempo y con la que quiero empezar a construir un futuro, que tiene la curiosa habilidad de quedarse totalmente seca a los cinco minutos de empezar a ver una película, mi chica, Yolanda. Ahora tenemos un proyecto bonito, de irnos a vivir juntos, y seremos pronto tres. Tranquis, que no seré padre. Me he comprado una perrita, staffy, que me entregarán a finales de enero - principios de febrero, y ya hemos empezado con las apuestas, de quién de los dos va a ligar más con la cachorra, jaja.

Y como el periplo éste empezó el día 24 de diciembre de 2021, con mi boca haciendo la promesa de hacer la cena de Nochebuena... Pues he cumplido, podéis ver las fotos en mi instagram. 

Ahora os preguntaréis, ¿y por qué cojones se llama el post así? Bueno, 2022 ha sido... como el título de la serie que presentaba Bear. Y he vuelto a la humanidad. Eso sí, no hace falta repetirlo en 2023, ni a mí, ni a mis "hermanos de otra madre", que también lo han pasado regular este año. Fuerza mis cabrones, os quiero mucho (H, R). 


"Ensucio su nombre, su estampa y su olor,
Por lo que nos hizo a los dos,
Por hurgar en las venas y huir
Por cada patada que dio al corazón
Por todo lo que ensombreció
Por la tinta que le di..."

Marea - El más sucio de los nombres.

martes, 19 de julio de 2022

Sesenta por ciento

Del desahogo del último post pasamos a la angustia del retraso de las últimas pruebas del viejo, de mayo a junio, de junio a finales del mismo, y de ahí a principios de julio, con los resultados a finales. Quiero pensar que como la frase de Mr. Wonderfull “todo saldrá bien” y que si desde el 7 al 29 no nos han llamado es porque los resultados no son malos (que no es que sean buenos). El sinvivir continúa.

En el curro parecía que íbamos a tener un respiro y nada más lejos de la realidad. Ha sido un estrés continuo desde la fecha hasta la primera de julio. Supongo que serán (putas malas) rachas. El caso es que todo se empieza a acumular, desde esa tensión hasta la grasa abdominal. Y no hay nada peor que no encontrarse bien con uno mismo para que empiecen a salir de uno en uno todos los fantasmas del pasado. Todo repercute, y nada para bien. Entrenas, aunque sea por no pensar, sólo por dormir más de tres horas seguidas, y comenzando a pensar si me estaré volviendo un blandito. Antes las dudas que surgen, brotan un falso “estoy bien” que tampoco contribuye a mejorar la situación. La realidad es que el motor ha gripado, y el hastío y el asco aparecen. Pierdes la pasión por todo lo que haces. Ni el trabajo, ni el entreno, ni tu pareja. No eres un 100%. No llegas a un 60%. Eres como un castillo de naipes cayendo.

Por eso intentas recomponerte, y aguantar, aunque sea parcialmente. Reconectar con tu “yo” interior, con tu tierra, con tus amigos de toda la vida, y en cierto modo lo consigues… durante un rato. Sigues con las entrañas removidas. “Trust your guts”. Nunca los hice caso, hasta ahora. Y es de las cosas que más duelen.

Más incluso que las palizas incondicionales que he estado dándome estos días. Bajar a Talavera, volver a entrenar con los chicos, bajar del millón de revoluciones de la cabeza subiendo repechos a 400w con la banda, hasta que revientas. Ese es el punto en que vuelven a subir, y normalmente suele coincidir con el punto en el que pierdes rueda o rebufo. Haces terapia con una cerveza con Edu, o corriendo con el tito Luidgi, llegando a la conclusión que, al final, eres como un coche: tengas mucho motor o poco, tienes que pasar las revisiones anuales para no gripar. Así que voy a ir pidiendo cita en el taller.

El próximo domingo volveré a embutirme en el amarillo del club, en una buena romería en Riaza, en una prueba de la Du&Tri Cup de Madrid. ¿Aspiraciones? Acabar. Igual mi auténtico yo está a mitad de puerto y soy capaz de cogerlo.

martes, 7 de junio de 2022

Vivir para contarlo

Desde el 12 de septiembre, fecha en la que escribí mis últimas líneas, han pasado muchas lunas. Dejé de entrenar "a tope" para centrarme en ser feliz. Después de un año entero de parón, quise correr antes de andar, y corrí, pero todo acto tiene sus consecuencias, y las pagué. Madrid no es Talavera, en muchos sentidos, 31 (de aquellas) no son 26, y la soledad... ¡Ay! ¡Puta soledad! Soledad que le da nombre a este diario y que he llegado a odiar con toda mi alma. 

Dejé de entrenar reglado, hacía lo que me apetecía, basando todo alrededor del gimnasio y las pesas, el entreno concurrente, nadar por gusto, correr por ganas, y salir en bici los findes cuando bajaba a casa. 

Todo bien, hasta navidad. De hecho, corrí con Antona y Paco Cubelos, haciendo la San Silvestre de sparring a 3'30"/km y disfrutando cada paso. Sin presión, simplemente para disfrutar. Si bien, mis vacaciones de navidades fueron algo extrañas. El día 26 quedamos para jugar al pádel mi padre, mi tío David, mi hermana y yo. Una pachanga de esas chachis, y todo fue bien hasta que mi padre resbaló y se fue al palco. Rotura de tibia y peroné y luxación completa de tobillo. Por suerte, pudieron operarle ese mismo día por la tarde y el lunes por la tarde le estaba recogiendo del hospital. Claro, ahí los planes se te trastocan un poco, pero no pasa nada.

En el curro, desde final de diciembre, la carga laboral subió, teniendo que asumir bastante curro extra, y lidiando con la burocracia... al final, todo el día como puta por rastrojo, y sabiendo que serían dos o tres meses jodidos los que quedaban por venir. 

De ahí que el nivel de entrenamiento, a priori, fuese a ir a menos. Podemos meterle como dato extra un confinamiento por contacto estrecho de covid en enero y otro más por positivo (15 días al palco).

Y antes de eso, pero también en enero, le sumamos dos episodios importantes. El primero, desmayo y convulsiones de mi padre, y segundo lumbago de mi madre. Así que me tocó ser piedra angular familiar.

Empezaba con cojones 2022, pero aún le quedaba lo mejor. A raíz de las convulsiones del viejo, le detectaron un nódulo en el pulmón y tres en el tiroides. Sabiendo los antecedentes familiares (su madre y su tía murieron de cáncer de pulmón -sin ser fumadoras-, y sus años previos de tabaquismo) la cosa pintaba mal. Y tan mal. A mediados de febrero le mandaron a hacerse un PET-TC a Ciudad Real, e incluso antes de ello, ya le dijeron que se fuese preparando para una intervención rápida. Entre medias, citas con el neumólogo, el endocrino, la rehabilitación de la lesión de pierna. Un sindiós. 

Y médicos. Porque le derivaron al Ramón y Cajal, y la tesitura era la siguiente: mi madre no conduce por Madrid, mi padre no puede conducir porque tiene la pierna jodida, calienta que sales. Lo que se traduce en que le he hecho kilómetros al Audi. Entre medias, algún curso que hemos tenido que dar en el curro, y viajes. De la confirmación de le fecha de la operación a la operación viaje, de Madrid a Cornellá, de ahí a Coruña y volver el día que salía del quirófano, con el pulmón derecho sin el lóbulo medio y parte del inferior.

Lo que en principio iba a ser una operación fácil, y en tres días en casa tuvo su correspondiente complicación, porque 2022 está(ba) siendo de muy señor mío. Pasamos de 3 días a 15. Neumonía mediante, catéter punzante y mi padre totalmente destruido. Mira que aguanta el dolor el cabrón, que le he visto con la rodilla recta y el pie totalmente girado y no se quejaba, pero aquello debía ser insufrible. Días de convivencia en el Loft con mamá rinoceronte (mi madre) que era como dormir con un coche sin cubrecárter. Insomnio y curro, cafeína como estilo de vida. Aquello que no mejoraba. Chófer. Y ochocientos kilómetros semanales entre unas cosas y otras. El permiso de semana santa fue mantenerse en Madrid, y obligar a mi madre a que se tomara un puto respiro del hospital, cosa que me costó una discusión, tanto con el enfermo como con su cónyuge. Manda huevos. 

Finalmente, el miércoles previo al jueves santo le dieron el alta, y a mediodía a casa. Pasé tres días en Talavera y el sábado por la noche, vuelta a Madrid. Lunes curro, martes a Francia a trabajar. 

De volver del país de las baguettes a "estabilizar" en casa durante dos semanas, preparando el siguiente despliegue: Sevilla, final de la Europa League. Días de esos que son de 16h de curro, de las que no paras un puto momento. Es lo que toca. Después de eso, empecé a sentirme regu regu, más bien mal. Tos, mocos, un resfriado común, ¿ no? El problema es cuando sale a correr y vomitas literalmente, una pasta de mocos. Y al día siguiente sales en bici y te pasa igual. Y tosiendo, obviamente. Así que de camino al médico. Bronquitis. Y una semana hecho una auténtica basura, de la que aún me estoy recuperando.

Así es como nos hemos plantado en el 7 de junio. Puertas de verano y sin aire acondicionado en el piso. Pendientes de la biopsia de los nódulos del tiroides del viejo, que se la pospusieron desde mayo a junio, como la cita con el endocrino, y preguntándole al 2022: "Hijo de puta, ¿por dónde vas a salir ahora?".





domingo, 12 de septiembre de 2021

El último baile

He dejado pasar más de una semana para escribir el post de la que será para mí la última carrera élite individual del mundillo del triatlón y del duatlón. Como ya anuncié en el post anterior, ha sido una decisión dura y muy meditada, y subir a Bañolas fue un esfuerzo muy grande. De hecho, uno de los principales motivos por lo que subí, no fue la competición en sí, sino para ver y estar el fin de semana con mi amigo Dani H, que vive en Figueras. Él fue una de las personas que más me animó a subir y también fue testigo de mi último tango en París, bueno, en Bañolas, pero como está cerca de la frontera, casi lo mismo es. 

De la carrera hay poco que contar. Cuando la cabeza no está en su sitio es difícil ser competitivo. Nadando no me encontré bien en ningún momento. Iba en el último
grupo de bici con César Pereira y a remar para no ser doblados. De hecho, hubo un momento que casi me quedo de rueda cuando me tomé un gel, y me miró desde adelante con cara de incredulidad. Hubo unos segundos en el que la cabeza me hizo masa y casi tiro la toalla, pero volví a conectar. Al final salvamos la bici y nos bajamos a correr. Ahí puse ritmo crucero y es donde disfruté como un enano. La carrera se había ido totalmente, pero, ¿qué más daba? Iba a acabar sí o sí, y llevaba una sonrisa de oreja a oreja. Cada vez que pasaba por donde estaba la gente del club y otros conocidos animándome era un motivo para sonreír. El bueno de Trimatas, en la última recta de meta diciéndome "disfruta de los últimos metros". Entré en meta en el puesto 61º, ¿y? Posiblemente en otras circunstancia estaría cagándome en todo lo cagable y frustrado. Pero hoy no. Hoy era un día para disfrutar. Y sí, disfruté.

Con esto cierro una bonita etapa en la que el triatlón me ha dado mucho, me ha exigido casi tanto como me ha dado, pero como me dijo el jefe de La Laguna "el momento para irse de un sitio, es antes de hartarse", y ese momento, es este preciso instante. 

Creo que puedo decir que algo de impronta he dejado, en quien más, en quien menos, pero el tito Arri, siempre será el tito Arri, el que os recogía en la Blume con el Volvo, y llevaba empanada, galletas y arroz con leche.

Ahora cambiamos objetivos vitales, deportivos, personales... sin perder la sonrisa: 2012-2018; 2021. 


Foto: Carlos Triathlon (Carlos Asensi).

martes, 31 de agosto de 2021

La decisión

Para escribir el siguiente post he tenido que meditarlo muy mucho y analizar una multitud de factores, además de hacerme a mí mismo una serie de preguntas incómodas que, quizás, no han sido hechas en el mejor momento de la temporada, máxime, si tenemos en cuenta que el domingo estaré, más que posiblemente, en el último campeonato de España Élite Individual de triatlón. 

Empezaría diciendo que, pese a todo, esa estabilidad laboral que he tenido y que tanto anhelaba, ha sido, por diversos factores, una temporada atípica, con parones, arrancadas, meses de consistencia y lucha, en los que ha habido momentos psicológicamente muy duros y, por qué no reconocerlo, otros también muy dulces, siempre hablando en el plano deportivo. En el plano personal, ha sido una montaña rusa, casi igual que en el laboral. Como bien decía en la crónica de Cuenca, un "sí pero no", y tampoco quiero entrar en muchos detalles.

Es verdad que he notado mucho el cambio de metodología, de pasar de autoentrenarme a confiar en el míster, Héctor Arévalo para que intentara exprimirme al máximo. No puedo decir que no lo haya conseguido, y tampoco puedo decir que no me haya acordado de su padre, Guzmán, en más de una ocasión. Quizás esto sea lo más cercano que haya vivido el "alto rendimiento", entendiendo que él está en la UA y conoce perfectamente la metodología de Cejuela. Sí que es verdad que lo que he notado es que, en general, los entrenamientos eran muchísimo más exigentes a nivel muscular que todo lo que he hecho en años anteriores. Ante todo, gracias míster. 

Ahora bien, he de reconocer que no me he adaptado bien ni a Madrid, ni al método, ni a las exigencias. Sabiendo que venía de prácticamente dos años de parón, sería normal, pero la temporada se me ha hecho larga. Muy larga. No le quito culpa a los parones pero mis circunstancias no eran las mejores para volver a rendir a alto nivel (dentro de lo paquete que soy). 

Han sido meses de vivir sin descanso. De comer en el trabajo 4 o 5 días a la semana, a trangullones, para acabar la jornada e ir directo a nadar, con la fatiga que conlleva, y pelearme con el crono y con las sensaciones, teniendo un día bueno a la semana, con suerte. Dejar la pileta e ir al gimnasio del tirón. Dejar el gimnasio y a casa, a preparar cosas para el día siguiente o (los menos días) intentar descansar algo para la siguiente sesión. Llegar totalmente reventado a la noche, hacer la cena y la comida del día siguiente, meterse en la cama y estar tan sobreactivado que no eres capaz de dormir. Acumular cansancio y al final, acabar claudicando más de un día. ¿Y mi vida social? Este blog se llama "Diario de mis soledades", y creo que, en todos lo años que llevo entrenando, nunca lo he experimentado de una forma tan cruel. 

Todo eso nos lleva a esa serie de preguntas incómodas: ¿Merece la pena tanto esfuerzo? Quizás al cruzar la línea de meta diría que sí pero ir apurado de lunes a viernes y no ser capaz de pensar más allá de un entreno no es plato de buen gusto. ¿Eres feliz? La respuesta es NO. Soy feliz entrenando, cuando salgo con mis colegas sin pensar que tengo que hacer series a X watios o que luego tengo que ir a correr a X/km. Y eso, es algo que desgraciadamente, he perdido. Iba a Talavera con la ilusión de compartir entrenos, y al final acababa saliendo yo solo, como el resto de la puta semana, y ha sido una pelota mental que se ha ido haciendo más y más grande. El silencio y la soledad del corredor de fondo. Entrenar, entrenar, entrenar. Watios y ritmos, ritmos y watios, sesiones de después. ¿Dónde se quedó el placer? Supongo que aparcado por mi propia obcecación en volver al nivel de 2018, pero la realidad es que nunca volveré a ese punto. Lex natura. 

No será por falta de ganas, o por no intentarlo, pero me he dado cuenta de que estaba haciendo algo con lo que no era feliz. Por eso, he decidido dar un paso al lado en este tipo de competiciones, y dejar de participar en el "circo FETRI" de los campeonatos individuales. Creo que soy más feliz corriendo Cuenca y Agramón que Bañolas y Pontevedra. Y si tengo la posibilidad de entrar en los equipos del Trialbacete para las pruebas de la Liga de Clubes, lo haré, pero no a cualquier precio. No a costa de perder salud, sueño e ilusión, que es lo que he conseguido al final, perder la esencia de la competición, la emoción por ponerse un dorsal y salir a darlo todo. Esa, ahora mismo, no la tengo, ni está, ni se la espera. 

Es tiempo de reciclarse y de replantearse la vida. También quiero embarcarme en otro proyecto personal, relacionado con el trabajo, que los que me conocen supondrán y que me ocupará buena parte de las tardes después del curro. Por
eso quiero tomármelo como un respiro después de un año que ha sido agotador, y sobre todo, recuperar la ilusión.

Un abrazo a todos.

Arri.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Sí pero no

 El post se podría llamar "cómo una competición de mierda puede resultar una no tan mala". 

Después de la chicharrera de Agramón, vuelta a Madrid y a preparar Cuenca. Dos semanas realmente duras de entrenamiento, ya que muchas veces es imposible recuperar entre sesiones, teniendo que entrenar todo de tarde, ya el día que hay que hacer dos sesiones y gimnasio, ni hablamos. Son días que a nivel psicológico te destruyen. 

La preparación para el regional de Olímpica fue bien, máxime si tenemos en cuenta que el último triatlón olímpico que hice fue en Coruña 2018 (CE Élite) y con los condicionantes de "curra y entrena en Madrid". Sí que es verdad que al final de la semana tuve un par de entrenos realmente duros por la ola de calor y sumado al no ser capaz de descansar por las noches te va mellando. Nota especial el entreno del domingo, con bici(series en umbral y medio) + carrera en transición (30' a 3'30"/km) y el Arri que acabó en tempura.

El lunes notaba muchísimo la fatiga, y sin embargo, saqué la natación pero intenté correr y me dijeron las piernas "hasta aquí hemos llegado". Exploté a nivel muscular. Tuve que buscar solución para lo insolucionable. Fisios, compex, rulo, aquello no había manera de recuperarlo. Ya se pasaba por mi cabeza el no ir al regional, total, para hacer el ridículo. 48h de descanso, dormir más o menos, y ponerle una vela a la virgen. El jueves entrené, natación (malas sensaciones) y rodillo (dolor de tibiales y peroneos), y decidí esperar al día siguiente. Viernes carrera a pie (condenadísimo porque seguía con dolores, aunque menos que el lunes) y natación (como un pez de plomo). Acabé la sesión y me senté a reflexionar en el bordillo. ¿Qué hacemos? Ni yo mismo lo tenía claro. Cuenca no es que sea precisamente un paseo y no me gusta ponerme un dorsal sin sentirme competitivo. Bueno, podemos ir a ver qué pasa. A veces es muy fácil mentirse a uno mismo.

Llegar a Cuenca y estar con los Brownies de Albacete, Omaita y Alvarete, y el resto de los panas, Hilary, Manolillo, Pablete... Parece que no, pero te cambia la mentalidad. Y aunque no estaba al 100%, tenía ganas de "salir a ver qué pasaba".

Y lo que pasó fue que me tomé la natación con tranquilidad, intentando desgastar lo menos posible, y eso que me cayó un capazo de hostias tremendas hasta el peñote, y luego me puse a ritmo. En la transición me noté torpón, pero salí con la bici con ganas de ir acopladito y a mis watios. Los primeros 5-6km llevé unos 302 medios y los vastos internos me dijeron "no sigas campeón". Así que empezó una lucha interna bastante dura sobre el qué hacer. Bajé el ritmo en las zonas llanas, me puse un poco de pie para estirar... y empecé a pasar gente. Con la cabeza diciéndome "no fuerces que hay que correr", centrado en los watios, y en comer cuando me dijo el míster. El problema vino sobre el km30 de bici cuando ya no quedaba agua en los botes y el agua del avituallamiento estaba caliente, y aún quedaban 15' para dejar la bici. 

Cuando te bajas de la bici y notas que las piernas están duras como columnas no es buena señal, intento poner ritmo crucero desde el principio, pero de nuevo los avisos de los vastos, "no te calientes hermoso", así que en modo avión. Puede ser el 10k de Cuenca que menos he bufado de todos los que he corrido. Total, para ir al ritmo que iba no hacía falta y al mínimo intento de apretar empezaban los calambres, así que sobrevivir hasta meta. 

Lo bueno, que sé y me demostré a mí mismo que estoy bastante más fuerte de lo que creo. Lo malo, que hay que llegar en condiciones a las pruebas, y yo, por circunstancias no llegué, fundamentalmente porque me faltaron masajes de descarga post Agramón y pre Cuenca. Como dijo Ortega y Gasset "yo soy yo mismo y mis circunstancias". Hoy ha habido sesión de fisio, y el pobre Fer Arias lo ha flipado y yo, casi lloro. Dos semanas para el CE Élite en Bañolas... 

Y pensándolo fríamente, creo que va siendo tiempo de retirarse de élite y pensar en competir para disfrutar, ayudar el equipo con lo que se pueda, y empezar a tener algo de vida, nuevos proyectos, pero de eso, hablaremos en el próximo post.



FOTO: Carlos Triathlon (Carlos Asensi)

martes, 10 de agosto de 2021

En el país de los ciegos

 Después del parón de junio y  poco más de un mes entrenamiento que finalizaba con dos semanas realmente duras de cara a preparar los regionales de Castilla-la Mancha, volvía a Madrid tras unas vacaciones de "vida pro" en Talavera. 

De vuelta en la "big-city" y de vuelta a la soledad de la pileta, a los no llanos madrileños y a las sesiones de rodillo entre semana. Cómo cuesta, virgen santa. Pero dentro de lo que cabe, ha sido una adaptación satisfactoria. Supongo que también tiene que ver que tengas cierta paz mental y que te encuentres bien contigo mismo, que estés más centrado y que hayas cambiado la forma de ver y afrontar las cosas. 

Aún así, volver a ponerse un dorsal después del fiasco de Mérida, justificado por otra parte, ya que estuve enfermo por el aire acondicionado pre y post prueba, era una incógnita. Si bien es cierto que Agramón es de esos triatlones con encanto debido a la dureza que tienes desde el minuto uno y que las condiciones suelen ser extremas debido al calor y a que se corre en agosto, y quizás por eso se me ha dado relativamente bien siempre o casi siempre. 

Es una carrera táctica y de calculadora, en la que se puede ganar sin ser el más rápido en ninguno de los segmentos. Mucho mítico en la línea de salida, mucho clásico, y la marea amarilla del Trialbacete siendo casi la séptima parte de los participantes. 

El viaje con el tito Luisrin desde Toledo, llegando sobre la bocina y apurando de más... Creo que calenté 50m en el agua si llegó. Salida ordenada pero rara, 50m sin comer golpes y luego me vino un capazo de ellos. Podríamos decir que me enteré de más bien poco. Empezaron a venir los fantasmas de Mérida: la explosión, salir con la carrera perdida, no nadar una mierda... E intentas limpiar esos pensamientos de la cabeza metiendo frecuencia de brazada. 

Total, que al salir del agua y calzarme las zapatillas veo a Pablo Fernández, a Trimatas, a Omar y a David Rodríguez, es decir, gente con la que antes, cuando estaba nadando bien, salía. Y es en ese punto cuando piensas que igual no has nadado tan mal. Trenecito para subir hasta la T1 y el repechón de salida. Subiendo con la boca pastosa y casi sin poder beber porque el agua del bote era caldo, no era agua. Ahí no sabes qué es mejor, si beber o no. La bici a mi ritmo, viendo que los watios no iban bien, pero que la gente tampoco iba súper porque voy moviéndome hacia adelante. Bajarse a correr como un auténtico botijo y a correr. La primera vuelta con un flato y unas sensaciones horrorosas, pero recortando a Pablo Fdez que en ese momento iba 6º y algo a Severo que iba 5º. La segunda vuelta la hago un poco mejor, pero con un pensamiento en la cabeza "la botella de agua fresquita que me espera en meta". 

Al final acabo 6º, con unos datos de mierda en cuanto a W y ritmos, pero en una carrera de supervivencia como ésta, no hay nada más que decir. Dimos exactamente lo que teníamos, ni más, ni menos. 

Y contento al finalizar 3º Senior de CLM y campeones por equipos, que a estas alturas, y viendo de dónde venimos y las circunstancias, es algo que celebrar. 


PD: Los tiempos de las clasificaciones están mal de cojones.